Evitemos que el odio anide en el corazón de nuestr@s niñ@s

Nuestros hijos e hijas no sólo están sufriendo el confinamiento, sino también el agravio de ver salir a los adultos y a sus mascotas. Son tiempos de mostrarse heroicos y valientes, de estar unidos, pero también de alimentar el amor y la ternura, no el odio ni la guerra. Por eso, en vez de contarle a nuestr@s hij@s la verdad, les vamos a contar un cuento, para que el odio no anide en sus corazones y cuando crezcan sepan que esta injusticia no fue más que un descuido que se corrigió rápidamente.

El cuento del bichito

Un día apareció en las calles del país un bichito que metía mucho, pero que mucho miedo a la gente mayor y los que hacían las leyes le declararon la guerra al bichito y obligaron a todo el mundo a quedarse en su casa. Bueno, a todo el mundo no, porque había cosas muy importantes que no se podían hacer desde casa: algunos adultos podían salir a trabajar para que al resto no le faltara comida, y otros podían salir a los hospitales a cuidar a la gente enferma, y otros podían salir a pasear a los perros. Pero las niñas y los niños no podían salir. Nunca.

Al principio fue divertido estar en casa encerrados, pero a las dos semanas, las lágrimas acudieron a los ojos de las niñas y niños y el amor a los corazones de sus mamás y papás.

Esto ha sido, sin duda, un despiste – pensaron las mamás y los papás, -quizás los que han hecho esta ley no tienen hijos o quizás sus casas son tan grandes que tienen calles, parques y campos de fútbol dentro de ellas y sus hijos pueden jugar ahí.

Así que las madres y padres le pidieron a sus criaturas que pintaran, escribieran, grabaran en video y en audio cómo se sentían encerradas en casa y enviaron esos mensajes a todos sus contactos, con la esperanza de que llegasen a alguna persona que pudiera hacer un poquitín para que se cambiara la ley.

Pasaron 5 minutos y los niños preguntaron: “¿falta mucho para que cambien la ley?” Y las madres y padres le preguntaron a sus contactos: “¿falta mucho para que cambien la ley?” Y sus contactos le preguntaron a los que podían hacer un poquitín por cambiar la ley: “¿falta mucho para que cambien la ley?”

-Vaya, no sabíamos que los niños lo estaban pasando tan mal -contestaron los que podían hacer un poquitín al saber que estaban, además, agobiados por los deberes del cole –pero una ley es algo muy serio, no se puede cambiar así porque sí.

Nos han comunicado que no se puede cambiar la ley – contestaron los contactos de las mamás y papás.

Cariño, dicen que es muy difícil cambiar la ley – contestaron las mamás y papás a sus hijas e hijos.

Las lágrimas volvieron a acudir a los ojos de las niñas y niños, pero volvieron a enviar más testimonios de su sufrimiento, como aquella niña que había dejado de comer.

¿Falta mucho para que cambien la ley? – volvieron a preguntar las niñas a los cinco minutos. Y los papás a sus contactos, y éstos a los que podían cambiar las cosas un poquitín, que agobiados por tanta pregunta y conmovidos por los testimonios, les preguntaron a los que podían hacer un poquitín más.

Realmente es triste lo que están viviendo, pero no se pueden cambiar las leyes – respondieron los que podían hacer un poquitín más.

Nos dicen que no, que es imposible – respondieron los que podían hacer un poquitín.

Parece poco probable – respondieron los contactos a las mamás

Cariño, dicen que es casi imposible– dijeron los papás con un nudo en la garganta.

A los 5 minutos, los niños volvieron a preguntar: “falta mucho para que cambien la ley?”

Por arte de magia, los mensajes de los niños fueron llegando a muchísima gente que podía hacer un poquitín por cambiar la ley, que los reenviaba a mucha gente que podía hacer un poquitín más. Estos, a su vez, se los enviaban a unos cuantos que podían hacer un poco y aquellos a unos pocos que realmente podían hacer algo y poco después a los poquísimos que podían hacer mucho y finalmente, llegó a la persona que podía hacerlo todo, incluso cambiar la ley.

-¿Es que nadie puede hacer que esas dulces criaturitas se estén quietecitas y dejen de preguntar cuánto falta para cambiar la ley? – dijo muy cabreado por televisión la persona que podía hacerlo todo – estamos muy ocupados guerreando contra el bichito. Que se enteren todos los niños y niñas del mundo: “no se puede cambiar la ley, y es por vuestro bien”.

-El mensaje llegó a las niñas y niños, y como sabian perfectamente lo que era por su bien y lo que no, dibujaron niñas paseando con sus padres con mucho cuidado de no toparse con el bichito, niños acompañando a sus papás cuando sacaban a sus perros, vecinos haciendo turnos para salir con los niños y no toparse por la calle, etc. Millones de estos dibujos y mensajes llegaron a la única persona que podía cambiar la ley.

Y la cambió.

Y colorín colorado, este cuento ha comenzado.

No fue fácil, pero lo consiguieron porque las niñas y niños tienen una conciencia del tiempo diferente, y lo que para nosotros son cinco minutos para ellos puede ser un confinamiento; y un confinamiento pasárseles en cinco minutos; lo consiguieron porque fueron valientes, porque fueron héroes y porque no aceptaron el lenguaje de la guerra, sino el del amor.

¿Te animas a hacer realidad el cuento?

Si necesitas argumentos, lee la curiosa desaparición de 7 millones de niños españoles. Si quieres más emoción, mira este vídeo.

Cuando estés preparado/a, firma esta petición de Heike Freire.

Y sobre todo, comparte tu preocupación con tus contactos para llegar a esas pocas personas que pueden cambiar esta injusta ley y pregúntales: “¿falta mucho para que cambien la ley?”

Acciones noviolentas desde casa

En mi anterior artículo, invitaba a la gente a aprender y emocionarse con las historias noviolentas patrimonio de la humanidad y aprovechar el confinamiento para transformar la sociedad hacia la noviolencia.

Hoy, décimo día de confinamiento, he preparado una lista de acciones noviolentas que podemos comenzar a realizar ya mismo desde casa.

  • No cierres los ojos ni los oídos: denuncia la violencia en tu vecindario.

La violencia en el hogar es un problema grave en España, y el confinamiento puede a agravarlo. Pasar 24 horas encerrado en casa con una persona maltratadora puede ser una situación aún más angustiosa que antes. Las madres y padres maltratadoras que ahora pasan 24 horas con sus hijas e hijos pueden perder los nervios con más facilidad. Y sólamente llevamos una semana …

No se trata de espiar a tus vecin@s, pero si pasas 24 horas en casa y tus vecin@s también, hay más probabilidades de que veas u oigas peleas, gritos, golpes, ruído de muebles, portazos, etc.

Denuncia llamando al 016 y lee la guía de actuación para mujeres que estén sufriendo violencia de género en situación de permanencia domiciliaria derivada del estado de alarma por COVID-19. Pero protégete y protege en lo que puedas a las víctimas. Pídele a una persona que viva lejos que llame por ti. Si tienes confianza con otr@s vecin@s, comenta con ell@s la situación de maltrato para implicarles y que rompan el silencio también. Nunca te enfrentes con la persona maltratadora. Haz que alguien mande un mensaje anónimo a algún familiar de la persona maltratadora explicándole la situación.

  • Comprueba regularmente que hay vida en todos los hogares cercanos.

Cada dos horas y media se suicida una persona en España y más de dos millones de ancianas/os viven solas/os (y unos cuatro o cinco mueren solos cada mes). En este estado de confinamiento, estas realidades podrían empeorar.

Si vives en un bloque de pisos, todos los días ponte una mascarilla y grita por el patio de luces: “¿está todo el mundo bien?”. Si vives en una zona residencial, cuando salgas a pasear al perro o a comprar en la tienda de la esquina, mira las casas de tus vecinas y vecinos y comprueba si hay movimiento. Pregunta, al llegar a la tienda, cuánto tiempo hace que nadie ve a fulanita o menganito. Si ya conocías algún caso de persona mayor que vivía sola, o lo acabas de descubrir, intenta atenderla.

  • Juega con tus hij@s a transformar o deshacerse de los juguetes bélicos

Si no lo tienes claro, lee este informe de la Unesco. Transformad vuestro hogar en un espacio donde los conflictos no se resuelven con disparos y tanques. Esconded (o transformad) los juguetes bélicos (pistolas, tanques, juegos de mesa, libros, cuentos, …). Es cierto que los niños y niñas necesitan aprender, expresar y experimentar la fuerza, la defensa, el riesgo, etc. Pero, ¿realmente necesitan hacerlo con juguetes bélicos? Sed creativ@s, luchad con el palo de la escoba contra fantasmas, transformad un castillo en un hospital, …

  • Esconde o deshazte de la cultura bélica: películas, libros, …

Definitivamente ha llegado el momento de reciclar todas las películas VHS y las bélicas que aún tengas en CD y DVD. Deshazte también de películas que tengas guardadas en tu ordenador (que por otra parte, si tienen copyright, a sus autores no les gusta que las veas sin pagarles). Si te apasiona el cine bélico , te recomiendo esta lista de películas antibélicas.

En cuanto a libros, hay miles de idas para reciclarlos, busca por Internet. Si te apasiona la guerra, te recomiendo esta lista de novelas antibélicas. Especialmente, Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, inspiradoras de tácticas noviolentas durante la Primavera de Praga.

  • Aprovecha para reducir el maltrato animal

La gente de igualdad animal han preparado una lista de consejos para ayudar a los animales desde casa, desde recomendaciones de películas, peticiones online y cambio de hábitos.

  • Firma peticiones online

Una muy buena opción para hacerte oír que requiere muy poco esfuerzo. No recomiendo ninguna en concreto, pero puedes buscarlas en la plataforma de firmas change.org.

Confinamiento noviolento

En este octavo día de confinamiento decretado por el Gobierno de España, a causa de la pandemia de Covid-19 declarada por la OMS, agradecezco sinceramente la solidaridad, la creatividad y la ternura de aquellas personas que nos han hecho reír o emocionarnos a través de las redes sociales. Puesto que el confinamiento se va a alargar dos semanas más, me gustaría unirme a este canal de creatividad y solidaridad para animar a que durante este confinamiento dediquemos un rato cada día a familiarizarnos con la noviolencia y a comenzar ya mismo a ponerla en práctica.

Tenemos tiempo y estamos confinados junto a las personas que nos aman y a las que amamos, pero también, probablemente, con las personas con las que tenemos conflictos, así que es una oportunidad única para transformar estos conflictos y esta sociedad hacia la noviolencia. Otras personas y pueblos lo han hecho en condiciones más duras y angustiosas, incuso bajo terribles dictaduras. Nosotros no vivimos en una dictadura, pero esta sociedad va necesitando ya el adjetivo “noviolenta” o no será capaz nunca de resolver sus problemas.

Abre tu navegador, busca “noviolencia” (todo junto) y sumérgete en un mundo poco divulgado de experiencias, personas y movimientos noviolentos a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. Sorpréndete al descubrir los escritos de Gandhi sobre noviolencia recogidos en más de 50 volúmenes y que ahora están disponibles en Internet y levanta tu ánimo con el famoso discurso de Martin Lúter King “Tengo un sueño” (Versión original completa). Pero no te abrumes, la noviolencia no necesita líderes. Emociónate con los documentales sobre la revolución EDSA en Filipinas (documental en inglés) donde el pueblo ofrece flores a los militares que conducen los tanques; diviértete con las ocurrencias del pueblo Checo en su resistencia civil noviolenta durante la primavera de Praga; mira de otra manera la lucha de las mujeres al conocer que una parte de las sufragistas idearon (y ensayaron en sus propios cuerpos) algunas de las técnicas que más tarde popularizó Gandhi, como las huelgas de hambre; esperánzate con los relatos de dos pueblos guerreros que transformaron sus armas en azadas o escuelas: los maoríes de Nueva Zelanda y los Pastunes de Pakistán; valora especialmente a la juventud al desvelar que detrás del “mili KK” de los insumisos españoles había una ideología pacifista inspirada en Gandhi; sorpréndente al descubrir que incluso contra el nazismo tuvo éxito la noviolencia, leyendo las resistencias en Dinamarca, Francia y Noruega, e incluso dentro de la propia Alemania con las protestas de Rosenstraße; descubre que la India sigue siendo la reserva espiritual de la noviolencia con movimientos como Janadesh o Chipko, … Y si te parece que todo esto es historia, subscríbete a Nonviolence news y recibirás cada sábado un email con unas 50 experiencias noviolentas de plena actualidad.

De esta manera, quizás te sientas un poco más orgulloso u orgullosa de ser parte de la humanidad al comprender que la noviolencia es una capacidad sublime que poseemos todas las personas, como la empatía, el amor y la ternura, y que basta con desenpolvarlas un poco para ponerlas en práctica.

Una vez hayas descubierto este tesoro, crea un grupo con las personas que sepas que te pueden ayudar a poner en práctica la noviolencia en tu vida. Piensa en aquellas personas que te inspiran y a las que inspiras, las personas cercanas a las que no te cuesta ningún trabajo llamar o quedar (una vez que acabe el confinamiento). Id diseñando tácticas noviolentas para resolver de forma conjunta problemas cada vez más complejos. Unamos, antes de que acabe el confinamiento, estos grupos y tejamos, entre todos y todas, una red de personas y grupos noviolentos que se comuniquen fácilmente y resolvamos de forma noviolenta la próxima gran crisis que se nos aproxime.

Necesitamos zonas 0 ecológicas en las ciudades

Mi participación en la acción noviolenta del 29 de julio de 2019 llevada a cabo por un grupo de personas en Murcia, actuando en nombre de Extinction Rebellion (XR), me ha servido para constatar que hay bastante gente dispuesta a salir a la calle a protestar para que se cumplan sus dos primeros objetivos (declaración de emergencia climática y reducción de emisiones de CO2), pero que aún no hay demasiada gente trabajando por el tercer objetivo (asambleas ciudadanas). Para mí, este objetivo es muy importante y propongo comenzar desde ya a crear estas asambleas, a las que denominaré Zonas 0 ecológicas noviolentas.

Una Zona 0 ecologica noviolenta, es un espacio de acceso libre donde se reúne la gente a experimentar métodos noviolentos para resolver los problemas ecológicos locales. Entiendo por soluciones noviolentas aquellas en las que se llega a acuerdos satisfactorios para todas las partes a través del diálogo, las propuestas en continua elaboración, la actitud de escucha empática, la facilitación, la justicia restaurativa, el amor, etc. Entiendo por soluciones violentas los castigos, multas, prohibiciones, violencia contra las personas o cosas, etc.

Las personas que se reúnen en una Zona 0 se esfuerzan por mantener estas actitudes:

* Cuidado de la vida que alberga esta zona: árboles, plantas, animales, insectos, agua natural, etc.

* Cuidado de las personas que se reúnen.

* Cuidado de una misma/uno mismo.

En definitiva, se trata de experimentar de forma pública y colectiva cómo será una sociedad noviolenta respetuosa con la naturaleza y con las personas.

Preguntas y respuestas

¿Dónde podemos crear Zonas 0?

Cualquier lugar de acceso público cercano a donde vives, ya sea en la ciudad: plazas, parques, jardines, calles, … o en el campo: montes, lomas de ríos, veredas, …

¿Qué problemas locales pueden resolverse en una Zona 0?

Hay problemas que se repiten en cualquier lugar:

1) Contaminación del aire y del agua.

2) Suciedad, basura, colillas, etc.

3) Cacas y orines de perro.

4) Conductas violentas entre personas, vandalismo, etc.

5) Deterioro de la naturaleza: flora y fauna.

6) Contaminación electromagnética, lumínica y sonora.

7) Maltrato a la infancia.

8) etc.

¿Qué podemos hacer para cuidar la vida que alberga la Zona 0?

En unos días sobre el terreno seguro que se os ocurren muchas cosas, pero podéis comenzar por:

1) Llevar siempre con vosotros un kit de emergencia climática:

* Un par de guantes y bolsas para recoger basura.

* Botella con agua de un material que no sea plástico.

* Algo de comida para compartir (preferiblemente ecológica, local y vegana).

* Cubiertos y platos para no tener que utilizar de plástico.

2) Al llegar a la Zona 0, dedicar unos minutos a recoger basura, en silencio, preparándo vuestro cuerpo, mente y espíritu, como una especie de meditación.

3) Observar el estado de la flora y la fauna: ver qué plantas necesitan agua o protección, a qué insectos o animalillos estamos invadiendo, etc.

¿Qué podemos hacer para cuidar a las personas que comparten la Zona 0?

1) Asambleas participativas y a ser posible, facilitadas.

2) Respeto por las opiniones y conductas de las demás personas.

3) Actuar contra las instituciones, contra las creencias, pero nunca contra las personas.

4) Debatir de forma respetuosa y constructiva

5) Especial mimo a la infancia, personas con diversidad funcional y tercera edad.

¿Qué podemos hacer para cuidar de una misma/uno mismo en la Zona 0?

En la Zona 0, al ser un espacio público y compartido con otras personas, puede resultarnos más fácil cumplir los compromisos que nos hacemos con nosotras mismas, además de poder pedir ayuda:

1) Cuido mi salud: me comprometo, atendiendo a mis posibilidade reales, a no fumar, no beber alcohol, no quejarme, no ser violento, etc.

2) Pido ayuda, pero no exigo nada a nadie.

3) Me divierto y trato de ser amable y respetuoso.

4) Me intereso por mi crecimiento personal y mi desarrollo espiritual.

¿Cómo se resuelven los conflictos mediante la noviolencia?

La noviolencia no garantiza que los conflictos se resuelvan, pero ayuda significativamente a que se transformen.

Los pasos generales serían:

1) Entender bien el conflicto: escuchar de forma empática todos los hechos y datos de todas las partes en conflicto.

2) Entender a las personas implicadas: escuchar sus necesidades y sentimientos.

3) Proponer soluciones que satisfagan a todas las partes.

Por ejemplo, una propuesta para resolver satisfactoriamente el problema de las cacas de perro en los parques donde juegan niños y niñas es pedir a los propietarios/as que respeten determinadas zonas de forma que siempre estén limpias y utilicen otras zonas más alejadas de las zonas de juego infantil para los perros.

¿Existe algún tipo de manifiesto de las Zonas 0?

Cada Zona tendrá unas problemáticas diferentes amén de un entorno y unas personas diferentes, de modo que cada Zona podrá hacer su propio manifiesto. He aquí algunas ideas para una declaración de zona 0 climática:

Las personas que nos reunimos en esta Zona 0 Climática y Ecológica noviolenta nos comprometemos, dentro de nuestras limitaciones y dentro de esta zona, a lo siguiente:

1) Aceptar que la mayor parte de los ecosistemas de este planeta está gravemente amenazada.

2) Reconocer que vivo en un mundo sucio, injusto, contaminado y violento. Rechazar las creencias, ya vengan de la ciencia, de los medios de comunicación, de la política o de la religión, que contradigan este reconocimiento.

3) Contribuir, hasta donde me permitan mis limitaciones, a resolver la crisis ecológica a la que se enfrenta la humanidad, de forma noviolenta.

4) Actuar desde nuestra opción personal y libre y respetar la libertad personal de todas las personas.

5) Imponernos unos criterios básicos de consumo responsable.

6) Rechazar cualquier tipo de violencia.

¿Qué pasa si acude demasiada gente a la Zona 0?

Es el momento de crear una segunda Zona 0.

Stop quemas murcia en los colegios

Estimado director:

Ojeando sus atribuciones según la LOMCE, leo en el artículo 132:

Competencias del director:

apartado d):

Garantizar el cumplimiento de las leyes y demás disposiciones vigentes.

Me gustaría preguntarle si no será también responsabilidad suya hacer cumplir la Resolución conjunta entre las direcciones generales de: “Medio Ambiente y Mar Menor”, “Salud Pública y Adicciones”, “Agricultura, Ganadería, Pesca y Acuicultura”, y “Medio Natural”, en relación a prácticas de quemas en el sector agrícola, publicada en el Boletín Oficial de la Región de Murcia nº 66 de 21 de marzo de 2019, que prohíbe las quemas agrícolas en cualquier época del año y circunstancia, salvo el riesgo de plagas, cuyo supuesto debe ser confirmado por Sanidad Vegetal. En esta resolución se hace una mención específica a los colegios:

“No se podrán realizar quemas a menos de 1.500 metros de colegios, guarderías o demás centros de enseñanza o educativos, centros sanitarios, lugares en donde se practiquen actividades deportivas al aire libre, o centros y residencias de personas mayores”

Entiendo que ya tiene usted “demasiadas” leyes que cumplir en su centro, pero también entiendo que el problema de las quemas es grave por el perjuicio que provoca a los niños y niñas en los colegios, así que me gustaría pedirle su colaboración para que, como representante de la administración pública, dirija sus esfuerzos a prevenir y a denunciar las quemas de rastrojos en el entorno cercano a nuestro colegio.

En concreto, me gustaría compartir con usted el protocolo que ha desarrollado #StopQuemasMurcia y que me gustaría que lo difundiera a todos los miembros de la comunidad educativa.

1) Todas las personas que acuden por las mañanas al centro desde sus casas: maestras y maestros, madres y padres, alumnas y alumnos y resto del personal, ponen su atención en el paisaje durante su trayecto al colegio para detectar columnas de humo o fuegos.
2) En caso de detectar una quema, anotan la posición exacta y la hora de la misma.
3) De forma opcional, pueden hablar con la persona responsable de la quema para informarle de que es ilegal y de que es obligación de los ciudadanos y de los responsables de las instituciones educativas llamar al 112 para denunciar la quema.
4) Al llegar al colegio, se le comunica al director la quema y su localización exacta para que llame personalmente al 112 y en caso de que no esté el director, esa misma persona puede realizar la llamada.

Con este sencillo protocolo, gracias a las miles de personas que transitan cada día todos los caminos y carreteras de Murcia, será muy sencillo acabar con esta práctica.

Sin más, se despide atentamente un padre preocupado.

Día internacional de la noviolencia, 2018

Cada 2 de ocubre, fecha de nacimiento de Gandhi, uno de los mayores líderes espirituales del siglo XX, se celebra el día internacional  de la noviolencia, una buena oportunidad para plantearnos qué lugar ocupa la noviolencia en nuestros grupos.

Si formamos parte de un grupo que busca algún tipo de cambio social, probablemente hayamos realizado protestas pacíficas, manifestaciones, huelgas, presentación de alegaciones, boicoteos, sentadas, bloqueos, ocupaciones de bancos o de edificios públicos, peticiones de firmas, mítines, cartas abiertas, etc. de carácter pacífico. Incluso puede que hayamos ido un poco más lejos y hayamos experimentado algunos de los 198 métodos de acción noviolenta recopilados por Gene Sharp y hayamos realizado campañas de no cooperación y desobediencia civil. Este tipo de acciones constituyen la vertiente pragmática de la noviolencia.

Pero sólo tácticas y estrategias eficaces de lucha no nos van a convertir en un grupo noviolento. La noviolencia tiene otra vertiente, inseparable, la filosófica. Sin una visión de grupo que incluya la vertiente filosófica de la noviolencia, nuestras acciones serán más o menos eficaces, pero no producirán un cambio real en la sociedad.

Incluir la vertiente filosófica en nuestro grupo significa incluir el concepto hinduista de ahimsa, que se puede definir como la ausencia absoluta de intención de dañar. Lo que hizo de Gandhi uno de los personajes más influyentes del siglo XX no fue la invención de tácticas y estrategias noviolentas ya que muchas de ellas las aprendió estudiando los movimientos antiesclavistas y sufragistas de los siglos XVIII y XIX, sino la integración del concepto hinduista de ahimsa en sus campañas noviolentas (satyagraha).

Si en la visión, misión y acciones diarias de nuestros grupos no está incluido el principio de no dañar de forma absoluta, entonces nuestra organización no se diferencia sustancialmente de una organización criminal o militar. Cualquier organización violenta puede hacer manifestaciones, huelgas, boicoteos o mítines noviolentos si les parece la forma más eficaz de conseguir sus fines. También organizaciones pacíficas pueden utilizar, y de hecho lo hacen, la violencia para transformar la sociedad hacia sus valores y sentirse legitimadas para ello.

Sin embargo, ¿es realista declarar en la visión de nuestra organización el principio de no dañar de forma absoluta? Conducir un coche contamina, comprar un móvil contribuye a la expoliación de países empobrecidos, comer mata a seres vivos, muchos pensamientos son dañinos, … ¿Es posible hacer “algo” sin provocar algún tipo de daño? Evidentemente no. Somos seres humanos, seres vivos que provocamos algún tipo de daño con nuestra mera existencia en este planeta.

Para ilustrar este complicado dilema que estoy planteando me basaré en un ejemplo de acción noviolenta donde una organización pacifista decide organizar una marcha multitudinaria hacia una planta de energía nuclear para exigir su cierre.

Para que esta campaña de protesta fuera noviolenta, al convocar la marcha no se repartirían folletos impresos en papel por no dañar a los árboles, pero tampoco se difundiría por las redes sociales puesto que los móviles contienen el mineral coltán que provoca guerras en países donde se extrae y los ordenadores de las empresas proveedoras de Internet son tan enormes que contribuyen de manera sustancial a las emisiones de CO2. Para la alimentación de la gente, no se compraría la comida en supermercados porque son responsables de la pérdida de negocios locales, controlan los precios en origen y son cómplices de las políticas de las grandes multinacionales. No se bebería agua embotellada por el problema medioambiental de los plásticos desechados ni refrescos por su alto contenido en azúcar. Durante la marcha, no se gritaría ni se saldría la gente del camino marcado, para respetar la naturaleza, los pájaros, las plantas, etc. Una vez en las inmediaciones de la central nuclear, no se buscaría el enfrentamiento con la policía, ni con las y los jefes y trabajadores y ni siquiera se les increparía. Se respetarían todos los muebles e inmuebles, los jardines y parques, los automóviles, etc. Si las autoridades pidieran que se disolviera la marcha, se opondría cierta resistencia, pero para evitar daños, la marcha se disolvería tranquilamente.

Con todos estos condicionantes mucha gente comenzará a dudar de la eficacia de las acciones noviolentas. Algunas personas objetarán contra la decisión de no usar papel aduciendo que es una materia prima renovable. Otras quizás arguyan que por qué no comprar en supermercados si, de todas formas, toda la gente que participa compraría en supermercados su comida ese día. Habrá también quien decida unilateralmente que si la policía le golpea tiene todo el derecho del mundo a devolver el golpe. Y así, de forma contradictoria, todas las personas nos autoadjudicamos la potestad de provocar daños a otras personas o al medio ambiente simplemente porque estamos realizando una acción que evitará “daños mayores”. Todas estas justificaciones, que se podrían sintetizar en el viejo dicho “el fin justifica los medios” son contrarias a la noviolencia que se podría sintetizar en el más moderno dicho “los medios son los fines”.

Podemos tratar de resolver este dilema aferrándonos aún más a la noviolencia, no tanto como sea posible, sino tanto como sea imaginable. Porque lo posible está limitado por los condicionamientos cotidianos y no puede escapar, pero lo imaginable no tiene límites. Para que esta acción fuera absolutamente noviolenta, deberíamos imaginar a decenas de pequeños grupos de personas comprometidas con la noviolencia organizando asambleas facilitadas en cientos de pueblos, debatiendo de forma noviolenta, es decir, utilizando la comunicación noviolenta y la gestión emocional;  tomando decisiones por consenso; comunicándose de pueblo en pueblo a través de delegadas; consumiendo los productos que producen sus tierras comprados en moneda social en cooperativas de productoras y consumidoras locales; siguiendo una alimentación vegana; desplazándose a pie o en bicicletas recicladas; cuidando todos los detalles de la marcha para que nadie pase hambre ni frío ni enferme; apelando a la solidaridad de las vecinas y vecinos de los lugares por los que pasen para que les provean de agua y alimentos; caminando en fila, en silencio o meditando u orando, salvo quizás las niñas y niños, observando la naturaleza y maravillándose de su belleza; llegando a las inmediaciones de la central nuclear tranquilamente y sentándose a una distancia desde la que puedan ser vistos pero que no representen una amenaza para la seguridad de las instalaciones; cantando y bailando para expresar la alegría de formar parte de esta protesta; invitando a las y los trabajadores de la planta nuclear a unirse a su alegría; montando puestos de información sobre las desventajas de la energía nuclear y proponiendo alternativas no dañinas; enviando manifiestos a las autoridades, a la policía, a los y las empresarias explicando claramente el carácter noviolento de la protesta y la determinación de no abandonarla hasta que se cierre la planta; invitando a los medios de comunicación a que apoyen la protesta imponiéndoles condiciones para que no la desvirtúen; generando lazos de unión entre la gente de la protesta, la gente que no protesta y el resto de pueblos del mundo;repartiendo abrazos y flores a la policía cuando intentara desalojar el campamento, …  Y si, finalmente, las autoridades decidieran disolver la protesta violentamente, autodisolverse para volver al día siguiente con más gente.

Quizás no seamos capaces aún de realizar protestas de este tipo en nuestros grupos a pesar de que tenemos ejemplos de pueblos que lo han hecho, pero lo que está claro es que ha llegado el momento en que podemos imaginarlas.

 

 

Romerías y noviolencia

El presidente Ferdinand Marcos de Filipinas era uno de esos dictadores clásicos a los que les encantaba ser cada vez más rico y poderoso y que su pueblo fuera cada vez más pobre y temeroso. Y cuando el pueblo comenzó a quejarse de la pobreza, la corrupción o las injusticias, decretó una ley marcial en la que ya nadie podría volver a quejarse, ni reunirse, ni hacer huelgas, ni nada de nada.

Un día, en un recóndito pueblo, organizaron una romería para pedirle a la Virgen por por la paz mundial. Se juntaron una docena de personas y al acabar se dieron cuenta de que las romerías no estaban prohibidas y se preguntaron:

“¿Por qué no nos juntamos la semana que viene e invitamos a los trabajadores de la plantación de azúcar, que he oído que tienen unas condiciones deplorables?”

Y así lo hicieron y a la semana siguiente hablaron sobre los movimientos antiesclavistas de los EE.UU. y las técnicas noviolentas que utilizaron. Al acabar la romería, vieron que eso tampoco estaba prohibido y se preguntaron:

“¿Por qué no invitamos también, para la semana que viene, a los agricultores y pescadores y les pedimos comida y la repartimos entre la gente más necesitada y creamos una red de apoyo mutuo?”

Y así lo hicieron y vieron que eso tampoco estaba prohibido. Entonces se preguntaron,

“¿por qué no invitamos a la gente de todos los pueblos de Filipinas a hacer romerías y practicar la noviolencia?”

y así lo hicieron y en cada pueblo se hacían romerías y se hablaba de los problemas locales, se estudiaba la noviolencia y se proponían acciones noviolentas, unas veces de apoyo mutuo y otras de protesta.

Un día, tras casi 10 años de ley marcial, el dictador decidió que había que modernizarse y se declaró demócrata de toda la vida y restauró las libertades. Y el pueblo, que siguió sufriendo las mismas injusticias y la misma pobreza, también se modernizó y trasladó la acción noviolenta de forma multitudinaria a las ciudades y durante los siguientes cuatro años realizó marchas, manifestaciones, mítines, huelgas, barricadas, etc. Los problemas del país eran gravísimos y los militares comenzaban a ponerse nerviosos. A pesar de todo el trabajo noviolento del pueblo, en febrero de 1986, tras unas elecciones totalmente fraudulentas, en plena agitación social en las calles de Manila, algunos altos mandos del ejército nacional se dispusieron a dar un golpe de estado contra Marcos. El ejército fiel a Marcos, abrumadoramente superior a la parte sublevada, recibió la orden de aplastar a los sublevados y los tanques salieron a la calle. Entre ambos bandos quedaron atrapados los manifestantes. La tensión era máxima. La Guerra Civil estaba servida.

Monja repartiendo comida a los militares. Revolución EDSA.

Pero lo que había entre los tanques no era un grupo de gente desorganizada, asustada y violenta, sino la gente hecha pueblo con años de práctica noviolenta a sus espaldas. La gente volvió a sacar a la Virgen en romería y cientos de miles más de personas se lanzaron a la calle para hacer barricadas humanas y evitar que los dos bandos se enfrentaran.

Mujeres dando flores a militares. Revolución EDSA

Los conductores de los tanques, al no poder avanzar, salían y contemplaban atónitos a una multitud que les ofrecía comida, cigarros, flores y abrazos. Muchos comenzaron a desertar al ver a sus familiares entre la multitud, otros desobedecieron órdenes de sus superiores, como negarse a bombardear un campamento al ver que la gente de abajo se había dispuesto en forma de cruz y todos, absolutamente todos, se negaron a disparar a los civiles.

Durante tres días, el poder del pueblo protegió a los militares de ambos bandos para evitar el desastre y dar tiempo a que el testarudo de Marcos reconociera que había perdido todos sus apoyos y abandonara el país,

en lo que podría considerarse una de las demostraciones más formidables de acción noviolenta de la historia de la humanidad.

Mujeres de la plaza de Mayo en Argentina

Madres de los desaparecidos.

Tras el golpe de estado militar de 1976 en Argentina, cada día muchas madres iban al Ministerio del Interior pidiendo información sobre sus hijos desaparecidos. Los funcionarios se reían y mandaban a las madres a sus casas. Después de un año de esperas en largos pasillos con barrotes, una mujer bien entrada en los sesenta, al recibir la respuesta socarrona del funcionario masculló: “no es aquí donde debemos estar, es en la Plaza de Mayo.

El 13 de abril de 1977, catorce mujeres dejaron sus casas para realizar lo más bravo que habían hecho en su vida. En un tiempo en que todas las manifestaciones públicas estaban prohibidas llegaron por separado a la Plaza de Mayo llevando consigo solamente sus carnets de identidad y monedas para el autobús y calzando zapatos planos por si había que correr.

Nadie reparó en ellas, así que decidieron unirse los jueves por la tarde cuando la plaza estaba más animada. Andaban lentamente en círculo alrededor de la plaza portando fotos de sus amados perdidos. Su número creció a medida que se fueron uniendo al círculo las hijas, hermanas y abuelas de los desaparecidos. La gente comenzó a llamarlas las “Madres de la Plaza” o a veces, “las locas de la Plaza”. Las mujeres hacían de su testimonio un acto público de desobediencia contra el régimen militar.

A raíz de un anuncio que pagaron en un periódico donde aparecían las fotos de 237 “desaparecidos” y los nombres de sus madres, bajo el titular: “No pedimos más que la verdad”, la represión policial contra ellas fue severa. Cientos de personas fueron acosadas, arrestadas y detenidas incluyendo periodistas extranjeros que trataban de entrevistar a algunas de las Madres. Aún así, las mujeres se negaron a ocultar sus acciones. Cada jueves, dos o tres cientos de mujeres se reunirían para caminar por la Plaza.

En diciembre, dos días antes de que se publicara otro anuncio, nueve de las mujeres abandonaron una reunión y se toparon con seis hombres, uno de ellos armado con una ametralladora, que exigieron el dinero que las Madres de la Plaza habían recaudado para el anuncio y las forzaron a entrar en un coche. Las mujeres desaparecieron para siempre.

A lo largo de 1978 la violencia de la Policía contra ellas era enorme y cada semana a unas cuantas mujeres eran arrestadas. A principios de 1979, las Madres de la Plaza encontraban casi imposible soportar la violencia. Cada jueves se reunían en las sombras, corrían a través de la plaza y formaban su pequeño círculo rápidamente durante unos minutos antes de la policía se acercara. Finalmente, incluso eso se volvió imposible.

Pero en iglesias por toda la ciudad las Madres continuaban reuniéndose. Algunas encendían velas y se arrodillaban ante pequeños altares murmurando oraciones especiales, y después hallaban un lugar en los bancos para descansar y rezar. No había nada inusual en esto.

Lo que las autoridades no podían ver era que las mujeres en las iglesias, algunas veces superando el centenar, se pasaban notas las unas a las otras conforme inclinaban sus cabezas. Eran “reuniones” en las que las decisiones se hacían sin pronunciar una sola palabra.

Debió ser una gran sorpresa para las autoridades cuando, aparentemente de la nada, las Madres de la Plaza salieron de las iglesias oscurecidas en mayo de 1979. Determinadas a formalizar su estructura, convocaron elecciones, se registraron legalmente como asociación y abrieron una cuenta bancaria con una parte del apoyo financiero que comenzaba a venir de todo el mundo.

En 1980, alquilaron una oficina y abrieron la Casa de las Madres. Incluso comenzaron a publicar su propio boletín y en varios años contaban sus miembros por miles.

Las mujeres volvieron a la Plaza. Calzaban zapatos planos y bufandas blancas bordadas con los nombres de los familiares que buscaban. Venían a la Plaza con las fotos de los “desaparecidos”. Después de algunos días recorriendo el círculo, algunas mujeres dejaron la plaza para llevar un megáfono a una calle lateral y contar cada una su historia personal. Habían aprendido que era más fácil para la gente comprender el horror de un niño perdido que comprender la imagen de miles de “desaparecidos”.

La Policía se enfrentó a las mujeres con un mayor número de efectivos aún que antes y las mujeres continuaron enfrentándose al gas lacrimógeno, porras y arrestos. Pero algo había cambiado. Las Madres de la Plaza habían decidido que nunca más se retirarían al silencio y a las sombras. Su valor visible era contagioso. Los espectadores que habían sido demasiado temerosos para pararse durante un largo rato para saludar a las mujeres, ahora permanecían inamovibles para aplaudir a las Madres en sus círculos por la Plaza.

El sangriento régimen militar no podía ocultarse de los ojos de las Madres de la Plaza de Mayo. Las mujeres estaban vigilando y el mundo estaba vigilándolas a ellas. Con su persistencia inspiraron mujeres en otros países (como las madres de El Salvador y Guatemala) donde los niños estaban desapareciendo. Y ayudaron a que llegara el día en diciembre de 1993 cuando la gente de Argentina inauguró al presidente Raúl Alfonsín como cabeza de un gobierno democrático.

Curso de gramática: de chacal a jirafa: la culpa (y 3)

En el primer artículo sobre la culpa la describí como un conjunto de sentimientos expresados de forma que eluden mi responsabilidad y en el segundo artículo expresé cómo me vi atrapado por un sentimiento de culpa feroz al dañar a una amiga muy querida. En ambos casos, comprendí que la culpa era inútil.

La inutilidad del falso sentimiento de culpa es más aparente incluso cuando alguien te manifiesta que se siente culpable por algo que te ha hecho. Salvo que tu intención sea  aprovecharte de la mezcla de sentimientos de dolor, pena, tristeza, abatimiento, etc. que siente la otra persona para abusar de ella, el sentimiento de culpa puede hacer bien poco por ti.

Hace unos días, una amiga me manifestó que se sentía culpable de no haber intervenido con más decisión en una serie de conflictos en un grupo de niños y niñas entre las que se encontraban su hijo y mi hija. A grandes rasgos, yo mantenía una postura firme de proteger a mi hija de golpes de otros niños y niñas y su postura era más bien de una intervención mínima entre ellas y ellos. Estas posturas enfrentadas nos llevaron a un cierto distanciamiento de las familias que yo viví con tristeza y consternación.

Cuando mi amiga me manifestó que se sentía culpable, lo primero que escuché fue un claro reconocimiento de que yo tenía razón. Puesto que yo sabía que no debía aprovecharme de su sentimiento de culpa, le pregunté si tras sus palabras había un sentimiento de tristeza y pena por lo sucedido o más bien un sentimiento de reconocimiento hacia mi postura en el conflicto. Ella me contestó que reconocimiento y seguimos hablando un rato sobre el tema en un tono distendido y amigable.


Pero la culpa que se había manifestado ya había operado en mí a un nivel subconsciente: me aproveché de su sentimiento de culpa para que reconociera que yo tenía razón en el conflicto. Me aproveché de su dolor y de su honestidad para que manifestara que ella estaba equivocada, y además, todo esto en un entorno de confianza entre nosotras, y yo actuando desde mi rol de facilitador en comunicación noviolenta.

La culpa nos arrastró a ambas. Ella se mostró débil y yo estaba aún dolido. Ella fue un chacal honesto y yo fui un chacal rencoroso. La culpa está tan arraigada en ella como en mí, y cuando la dejamos aparecer es fácil que se establezca una relación de abuso.

Comencé este curso de traducción de lenguaje chacal a jirafa advirtiendo de que la culpa era uno de los elementos del lenguaje chacal más utilizados. De tan utilizada, me resulta tan natural expresar que me siento culpable como abusar de la persona que se siente culpable. Por eso considero necesario poner conciencia para dejar de utilizar este complejo elemento gramatical del lenguaje chacal y utilizar estructuras más simples, verdaderos sentimientos como la expresión del dolor, la pena, el cansancio, …

Con esta tercera entrega cierro el tema de la culpa para pasar a experimentar un nuevo tema que me atrevo a juzgar como el más utilizado del lenguaje chacal: el juicio.

Curso de gramática: de chacal a jirafa: la culpa (2)

Ayer dañé a mi mejor amigo. Hice algo espontáneo que le produjo una dolorosa tristeza y un sentimiento de desconexión conmigo.

Me sentí culpable, a pesar de que en la primera parte de esta serie de artículos, expliqué que la culpa no es un sentimiento.

Sentí una enorme presión en el estómago que a duras penas conseguía aliviar tumbándome en el sofá, poniéndome la mano sobre la barriga y respirando profundamente. Mi mente comenzó a imaginar todas las posibles formas en las que mi amigo estaría sufriendo por mi culpa y las catastróficas consecuencias que mi acción iba a tener sobre nuestra relación. Cuanta más rienda suelta daba a mi mente, más intensa era la angustia en mi estómago.

Cuando estuve algo más relajado, le escribí un correo electrónico pidiéndole perdón, justificando mi acción declarándole una parte de mí soberbia que no controlaba, diciéndole que lo sentía y acabé manifestándole que para que no se repitiera algo así, no volvería a expresar más mi opinión.

Me tumbé otra vez en el sofá, respirando profundamente, ahora con la inquietud de si mi correo electrónico serviría para mejorar o empeorar las cosas y el agudo pinchazo del estómago apareció con más fuerza.

Me levanté y salí a la calle, bajo un sol de justicia, a ver si encontraba una jirafa que me diera algo de empatía:

Jirafa: ¿Cómo te sientes?

Yo: Fatal, me siento culpable.

Jirafa: Perdona, eso no lo reconozco como sentimiento. ¿Qué sientes físicamente en el cuerpo?

Yo: No consigo relajarme, tengo el nervio metido en el estómago y apenas puedo respirar.

Jirafa: ¿Qué debería ocurrir para que esa sensación acabase?

Yo: Ojalá me contestara al email y me dijera que lo que hice no había sido para tanto y que no me preocupara, que ya se le había pasado.

Jirafa: ¿Te gustaría que él no estuviera sufriendo ahora mismo?

Yo: Sí, lo que más pena me produce es el dolor que le he causado. Me gustaría hacer algo para que su dolor desapareciera, pero temo que cualquier cosa que haga puede acrecentar su dolor.

Cuando daño a alguien, lo que más pena me causa es imaginar el dolor de la otra persona y para acabar con mi sufrimiento deseo que la otra persona deje de sufrir cuanto antes. Sin embargo, esta estrategia para satisfacer mi necesidad de tranquilidad coloca toda la responsabilidad en la otra persona y puedo acabar presionándola para que olvide su dolor.

Una vez que me di cuenta de esto y acepté que mi amigo debía gestionar su dolor sin que yo me entrometiera, comencé a relajarme y a confiar en él, en nuestra amistad y en su proceso. De este modo, pude aprovechar la energía que me proporcionaba mi dolor para concentrarme más en mí, para recordar mi acción, para reconocer cómo me sentía cuando hice lo que hice y para detectar las necesidades que me llevaron a actuar así con mi amigo. Pude entonces recordar y analizar comportamientos similares que han provocado dolor en otras ocasiones y diseñar estrategias para cambiarlos.

Al dejar de centrarme en que mi amigo me perdonara rápidamente y, en cambio, observarme a mí mismo, conseguí atravesar mi sensación física de dolor para conectarme más profundamente conmigo mismo.

Al poco tiempo mi amigo me llamó por teléfono “en lenguaje jirafa” y tuvimos una conversación donde me expresó claramente su dolor por mi acción y por mi reacción; donde yo pude expresarle mi pesar sin culpa y donde nos sentimos aliviados y con confianza de nuevo entre nosotros.